Hoy, 25 de
febrero 2016, se producen dos hechos, por una parte, conocemos un documento que
explicita el acuerdo alcanzado por dos fuerzas políticas y, por otra parte,
conocemos, también, las perspectivas estratégicas y anuncio de inversiones con
un horizonte del 2020 de la principal utility eléctrica española.
Ambos hechos
guardan una relación y van a influir en el desarrollo de nuestro sector
energético y en concreto en el sector eléctrico, sector fundamental por su
papel en la transición energética, por su relación entre clima y energía y, por
consiguiente, en la lucha contra el cambio climático, punto prioritario en
la estrategia energética europea.
Si es, como
todos coincidimos, la prioridad económico y social de nuestro país la creación
de empleo estable y de valor, si es, como casi todos coincidimos, que en la
denominada economía verde está uno de nuestros cimientos de desarrollo, si es,
como casi todos coincidimos, que las inversiones en infraestructura de red son imprescindibles
para establecer las bases de la “transición energética”, las inversiones en el
mercado eléctrico regulado deberían ser objeto de tratamiento específico y,
máxime, cuando corremos el riesgo de perder el tren y otra vez quedarnos
rezagados, cuando, ahora sí, reunimos
todos los elementos necesarios para ser en este campo un país de excelencia.
Todo lo anterior
nos hace reflexionar sobre la necesidad de hacer transparente y pactar las
necesidades de inversión sobre las redes que se consideran un monopolio natural
y en las que no solo es necesario un libre acceso de los agentes a la misma, si
no que este acceso se debe producir sobre redes de última generación tecnológica,
sin barreras de entrada y que estén en el tiempo que se demandan para que no
puedan ser un freno al necesario desarrollo económico.
La figura de
los “prosumidores”, es decir, el nuevo agente del sistema eléctrico en el que
coinciden las facetas de consumidor/productor, basa su desarrollo,
fundamentalmente, en su conexión a una red de distribución tecnológicamente apropiada,
gestionada para dar un servicio económico de interés general y, por supuesto,
regulada de forma que no existan barreras de entrada y, si, facilidades para su
implantación dado los beneficios sociales de todo tipo que se conseguirán.
Ante el reto
que suponen para la sociedad los planteamientos anteriores, perfectamente
homologados por Europa, a nadie se le escapa que las inversiones que piensa
desarrollar una utility, sobre la redes de distribución, pueden no coincidir
con el interés general, pero, por otra parte, un plan de gobierno a cuatro años
debería contemplar cómo va a ser posible supeditar el interés general a los lícitos
intereses particulares, o mejor, como se va articular para que no pueda haber
ninguna acción obstruccionista a los intereses del país en esta materia.
Hemos oído y leído
que en los citados pactos se contempla acciones del tipo: “cambio
constitucional exprés” es decir, resoluciones prioritarias a corto plazo, no es
menos cierto que inversiones del tipo que aquí se mencionan deberían tener la
misma consideración.
En el lado político,
algunos hablan de una 2ª transición como manera de visualizar lo que se
pretende hacer y conseguir, desde el lado económico, nos encontramos ante la 1ª
transición para el sector energético que seguramente nos llevará a obtener los
mismos éxitos que se consiguieron en la 1ª transición política.
La compañía mencionada
que anuncia un plan de inversiones de 24.000 M€ las cuantifica de la forma siguiente:
un 90% son proyectos ya comprometidos, especialmente en el Reino Unido (1.070
MW eólicos marinos). EEUU, México y Brasil, y un 60% del total corresponde a
proyectos de crecimiento. En España y Portugal la compañía seguirá
desarrollando redes inteligentes. Hay una clara divergencia entre el interés de
la compañía y el interés general sobre la base del mercado regulado, tal como
son, las redes de distribución.
Compañías con
una amplia penetración en los mercados globales, con un porcentaje mayoritario de
beneficios conseguidos fuera de España, necesitan para su devenir mostrar su
excelencia en sus mercados de origen, su mejor escaparate, como ejemplo tenemos
la generación eólica. Posicionamientos como los defendidos con el autoconsumo
no muestran precisamente fortaleza, al igual, que no propiciar inversiones adecuadas
en las infraestructuras de futuro. Sirva, también como ejemplo, la implantación
de la fibra óptica y las consecuencias que se derivan de tener una red
adecuada.
El modelo de inversión actualmente en vigor no nos sirve para los objetivos de interés general que debería cubrir, es incuestionable para todos los agentes del sector eléctrico, se hace imprescindible que sea tratado convenientemente por los pactos políticos.
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