Los consumidores de energía eléctrica se pueden agrupar, al
menos, en dos grandes grupo: los residenciales más las pymes, suministro en
baja tensión, y los industriales,
suministro en alta tensión, la forma de suministro esta liberalizada para el
grupo industrial y el grupo de residenciales conserva la tarifa de último
recurso que es una tarifa regulada para potencias de hasta 10 KW.
La comparación de ambos grupos con los países de la UE en
relación al precio del KWh no es uniforme, los residenciales y pymes soportan
el peor precio de la UE si excluimos a Malta y Greta. Los precios para el grupo
de consumidores industriales son más favorables que el residencial pero por
encima de la media de los países comunitarios.
El suministro en baja tensión representa el 52,48% de la
energía consumida y el suministro en alta tensión el restante 47,52%, por lo
tanto, podríamos cuantificar la demanda de cada grupo en un 50%
aproximadamente.
El 94,04% de los consumidores del sistema eléctrico tienen
derecho a las tarifas reguladas y consumen el 32,34% de la energía total
demanda al sistema, este grupo quiere reducirse mediante la reforma anunciada.
El grupo de consumidores residencial y pymes tiene un
comportamiento inelástico en relación al precio, debido fundamentalmente a la
falta de competencia en el suministro y al pequeño impacto que en su renta
tiene para los consumidores no vulnerables. No es el caso para algunos de los
consumidores industriales debido al impacto que para sus costes tiene el
suministro de energía eléctrica y el poder acceder a otras localizaciones con
precios más competitivos de la energía, veamos un ejemplo de un gran consumidor
eléctrico de Galicia, el productor de aluminio Alcoa, el impacto Regional que
podría suponer su deslocalización por un KWh no competitivo.
El Balance Eléctrico de Galicia (2011)
Producción:26.621 GWh.
Demanda: 20.198 GWh.
Exportación: 6.274 GWh.
Alcoa San Cibrao (2011)
Consumo: 4.500 GWh
Alcoa representa el 22,28% de la demanda interna de Galicia y equivale
al 72% de la energía exportada; que representó el 17% del total de energía
producida. La deslocalización de esta industria representaría, manteniendo las
producciones del año 2011, tener que incrementar las exportaciones regionales en
un 72%.Que pasarían de ser el 17% del total producido al 44%.
Considerando solamente la demanda de la industria Alcoa en el Balance Eléctrico Regional, observamos que
una posible deslocalización tendría un impacto en el balance energético
regional de tal dimensión que difícilmente podrá dejarse a una negociación de
oferta y demanda entre los comercializadores y la Industria en relación con el
precio de la energía, como así ya está ocurriendo al intervenir las
administraciones y las instituciones sociales.
Por otra parte los
otros costes del sistema: tarifas de acceso, interrumpibilidades, pagos por
capacidad, deberían igualmente deberán ser negociados. Todo lo anterior obliga
a preguntarse, dado que en la actual regulación no lo contemplan, cuál es la
vía que siguen: eléctricas, administraciones regionales y centrales e industria
para llegar a una posición de equilibrio y, por lo tanto, como afecta al resto
del sector y al trasvase de rentas de unos grupos de consumidores hacia otros, en las circunstancias actuales.
Lo anterior pone de manifiesto, una vez más, la necesidad de
actuar con criterios sistémicos en la resolución de problemas regulatorios,
como es el caso del déficit de tarifa. Lo realmente importante, entre otras
cuestiones, es conseguir un sistema eléctrico eficiente en costes que nos permita una
implantación de todo tipo de empresas en las Regiones que puedan ofrecer
ventajas competitivas de cualquier tipo y, desde luego, la energía es una de
las más importantes. Una Región con un superávit energético eléctrico y un mix
de producción como el de Galicia debería poder ofrecer una solución
transparente, competitiva y medio ambiental sostenible para una industria de
esas características y máxime una vez implantada en la región. La fiscalidad
verde podría corregir estos desequilibrios del sistema si no se utilizan para
conseguir únicamente un incremento de ingresos y de precio del KWh., que
posibilitan las no deseables deslocalizaciones como las indicadas en el ejemplo
anterior.
Se hace patente la necesaria capacidad de las Regiones de
poder incidir energéticamente en asuntos de tal calado para su desarrollo económico.
La estrategia energética de la Región es ineludible más allá de las fuentes
renovables y el régimen especial. Hoy en día no se concibe una estrategia
energética que no tenga una trazabilidad entre la estrategia europea, la
nacional y la regional.

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