El Sector Energético de España
que atraviesa una situación de
indefinición y dedicación a poner fin al déficit tarifario del sector eléctrico,
está en las mejores condiciones posibles para dirigir el Sistema hacia
objetivos que mejoren la posición actual de los diferentes demandantes y
ofertantes existentes.
El actual modelo vigente de los tres sectores: gas,
electricidad e hidrocarburos, convive con una mezcla de liberalización y
regulación sin haber alcanzado el objetivo con el que se inició el proceso de
liberalización que no fue otro que el de conseguir una mayor eficiencia que se trasladase a los precios finales
en beneficio de los consumidores.
Durante estos últimos siete meses, se está constatando el
carácter sistémico de los tres sectores y como medidas regulatorias para
eliminar el déficit de tarifas eléctrico repercuten en el conjunto del sector energético. No
encontrándose las pretendidas soluciones
parciales sino por el contrario agravándolas más la situación, al no poderse
equilibrar los intereses particulares de los diferentes agentes ofertantes y,
las medidas parciales que se adoptan, inciden
en los demandantes por la vía de incremento de los precios finales, que
es el efecto contrario al perseguido por el modelo actual.
La Crisis Nacional y Global que atravesamos no es indemne al
Sector Energético y cuestiona la idoneidad del actual modelo, máxime si a lo
anterior le añadimos, al menos, los cuatro factores siguientes:
-
Restricciones Medioambientales
-
Garantías de Suministro
-
Precios Finales
-
Eficiencia Energética
El precio final del input energético condiciona la competitividad de
la economía en su conjunto y repercute en los gastos de las familias.
En el caso del sector eléctrico es válido cuestionarse qué es más prioritario
corregir en el sistema: el precio
alcanzado por la energía o el déficit tarifario y si la solución al
déficit tarifario tiene que ser convergente con una mejora del nivel de precios
y, consecuentemente, debería marcarse como prioritario el objetivo precios. Si la actual administración hubiera
priorizado el nivel de precios que por otra parte es el objetivo último
del actual modelo, no hubiera podido afrontar la reforma regulatoria por la vía
de la tributación energética, los cuatro pilares del sistema eléctrico: generación, transporte, distribución y
comercialización tendrían que participar en la mejora de la eficiencia que
consiguiera unas mejora de los costes y, por lo tanto, de los precios, pero el
razonamiento se puede ampliar en la necesaria participación de los otros
sectores: gas e hidrocarburos.
Las inversiones realizadas en infraestructuras y generación
eléctrica están sobredimensionadas para las actuales demandas y, por lo
tanto, no casan en el actual modelo, incidiendo muy negativamente en el nivel
de precios finales actuales. Lo anterior evidencia, otra vez, la posibilidad
vía objetivo precio limitar la repercusión de los actuales
sobredimensionamientos para la demanda interior actual, abriendo la posibilidad de incrementar la demanda por otras vías
diferenciadas a las actualmente existentes.
La regulación de estos sectores condiciona la competitividad de la
economía española, que es uno de los factores que se ha considerado
prioritario para atacar la crisis económica de nuestro país y, por lo tanto, el incidir estratégicamente en el Sector
Energético, como una de nuestras mejores armas para remontar la crisis se hace necesario
y prioritario.
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