No hay ninguna duda en la constancia
de que el Sector Eléctrico se gobierna actualmente por una muy mala
regulación, las consecuencias del caos que ello genera tiene diferentes
costes para los agentes involucrados. El más afectado, sin ninguna duda, son los consumidores y, entre ellos,
los residenciales y pymes que se abastecen en baja tensión. Este colectivo paga
la electricidad al precio más alto de
los 25 países continentales de la Unión Europea y sin considerar la
deuda pendiente originada por el déficit de tarifa, todo ello fruto de una ineficiencia
del sistema, cuyas causas son totalmente
ajenas a los consumidores pero las consecuencias las pagan al 100%.
Al precio más alto se unen otro
factor: la falta de competitividad de
los sectores mayorista y minorista de electricidad, razón de ser de la
ley 54/97 del Sector Eléctrico, impulsora de la liberalización del sector.
Dos características del sector son continuamente resaltadas
por las administraciones: el consabido Déficit
de Tarifa, 24.000 M€, y el sobredimensionamiento
de las infraestructuras de: Generación, Transporte y Distribución.
El dimensionamiento de la potencia instalada podría ser superior
al 40%, hecho que no tiene como contrapartida una disminución del
precio de la energía eléctrica al haber un exceso de oferta, tal circunstancia no
es valorada por el mercado, lo que
evidencia su debilidad y, además, no se justifica los precios de
tecnologías ya amortizadas como son: la
nuclear y la hidráulica, tal como ha puesto de manifiesto la propia UE
muy recientemente, esta circunstancia es más llamativa por ser defendida, a
capa y espada, por las cinco principales eléctricas del país, lo que indica el grado de deterioro al
que se ha llegado, se niega lo evidente, en defensa de unas reglas
aceptables para una autentica minoría del sector.
Por otra parte, el Déficit de Tarifa, el mayor
problema económico del sistema eléctrico, se ha elevado a la categoría de
objetivo prioritario, se trasmita a la opinión pública: si elimino el déficit de tarifa corrijo las deficiencias del sistema
eléctrico, aseveración muy controvertida y, seguramente, muy alejada
del objetivo real: una mala
regulación se arregla cambiándola, pero no solo para conseguir la desaparición
del déficit, que por supuesto, sino para conseguir un sector liberalizado y, lo
que es más importante, totalmente implicado en la estrategia energética de las
Comunidades Autónomas, España y Europa, que no es otra que la denominada: Europa 20/20/20.
Desde que se promulgó la ley
54/97 en el que se definieron dos tipos de generación: la ordinaria y la especial, el sistema ha evolucionado y la
clasificación que en su día se hizo, hoy por hoy, ha dejado de tener validez y de ser práctica, en la medida
que los porcentajes de cada tipo tienden a equilibrarse y será superior, la
especial, en un futuro. De igual forma
la incidencia estratégica de las políticas: medioambientales, eficiencia energética y tecnologías renovables
no fueron contempladas para un desarrollo como el actual y el del futuro.
Todo lo anterior y otros factores
conducen irremediablemente para un país como el nuestro, que es considerado
como un adelantado y un primer espada
en el terreno de las renovables, a la necesidad de un Pacto Económico y Técnico que haga posible un Cambio Regulatorio acorde
con las necesidades actuales de la sociedad civil, es decir, en defensa de los
intereses legítimos de los últimos beneficiarios del mismo: los consumidores, los grandes olvidados
del Sistema Eléctrico Español.
Los globos sondas que en estos días vienen apareciendo en
los medios sobre los cambios regulatorios que se avecinan para antes del 30 de
junio, indican, que una vez más, se definirán
parches, de mayor o menor calado, sin la fuerza ni la intensidad requerida
y que debería ser fruto del indicado Pacto
Energético, que actuaría de un autentico
seguro para el sector, el sector eléctrico es un subsector energético
y, por cierto, económicamente no es el más importante, punto que se olvida sistemáticamente
en el escaso debate existente, una
visión más amplia ayuda, sin duda, a tener una visión más ajustada para una toma de decisiones más acertada
para el conjunto de la sociedad.
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